Fuente Revista Consumer
La somnolencia podría tener una relación directa con unos mayores niveles de glucemia (glucosa en sangre). Son las conclusiones que investigadores de la Universidad de Arizona y de la Harvard Medical School de Boston (EE.UU.) acaban de publicar en la revista ‘Sleep’. Estos efectos se suman a los ya conocidos que se relacionan con la falta de sueño: problemas de conducta, una peor calidad de vida o depresión, entre otros.
No es la primera vez que se asocian ambos conceptos. En 2006, un estudio llevado a cado por investigadores de la Universidad de Chicago (EE.UU.) y publicado en ‘Archives of Internal Medicine’ afirmaba lo mismo. Los resultados indicaban que el descanso de los diabéticos duraba un promedio de seis horas por la noche y que solo un 6% podía dormir ocho horas. Un 71% tenía una mala calidad del sueño.
El estudio en cuestión se realizó entre jóvenes de 10 a 16 años, por lo que, según los resultados, los científicos insisten en la importancia de evaluar de forma rutinaria la calidad del sueño como parte del tratamiento de la diabetes de tipo 1, sobre todo, en este grupo poblacional. Y no solo porque dormir bien beneficia el manejo de la enfermedad, sino porque la propia diabetes ya acarrea problemas para lograr un buen descanso durante la noche. La única manera de romper el círculo vicioso es darle valor al descanso nocturno, tanto como seguir una dieta adecuada.
Para evitar hipoglucemias nocturnas, es posible que los pacientes tratados con insulina necesiten tomar un refrigerio antes de acostarse
Muchos pacientes diabéticos sufren, asociadas a la enfermedad metabólica, otras alteraciones que inciden en su calidad de vida. La más frecuente es la apnea del sueño, sobre todo en diabetes mellitus de tipo 2, que está estrechamente vinculada a la obesidad. Esta respiración irregular con ronquidos por la noche se traduce en fatiga diurna. La pérdida de peso es, en gran medida, el tratamiento más eficaz. Otra razón habitual que impide el descanso nocturno es la neuropatía y el dolor en las piernas que esta provoca.
También la hipoglucemia nocturna incide en el descanso. Las personas con diabetes tratadas con insulina tienen el mayor riesgo de sufrirla. Los síntomas incluyen: despertar súbito con sensación de muerte inminente, pesadillas, sudoración nocturna o dolor de cabeza por la mañana. En ocasiones, el único síntoma es un nivel de glucemia en ayunas elevado. En mujeres menopáusicas, la sudoración característica puede confundirse con la hipoglucemia nocturna.
Según los resultados del estudio, las personas que mantienen horarios regulares al ir a dormir podrían controlar mejor la glucemia. Especialistas del Joslin Diabetes Center, centro de investigación y de atención clínica de diabetes, señalan que hay indicios de que el ejercicio mejora la calidad y la cantidad de sueño, aunque se debe realizar en horas determinadas. También intentar disminuir las hipoglucemias mientras se duerme puede asegurar la calidad del sueño.
No obstante, practicar ejercicio físico y el consumo de alcohol justo antes de acostarse puede provocar bajadas de glucemia. Para evitar esta desagradable situación, es posible que los pacientes insulinodependientes necesiten tomar un refrigerio antes de acostarse, ya sea un pequeño bocadillo o un vaso de leche con unos pocos cereales. Si las hipoglucemias son frecuentes, lo mejor es consultar con el médico acerca de cómo ajustar las pautas de insulina.
Fuente: Diario ABC
El Vall d´Hebron Instituto de Investigación ha presentado una nueva explicación de la habitual reducción de hormonas sexuales en personas obesas o con diabetes tipo 2, que tradicionalmente se relacionaba con concentraciones elevadas de insulina en la sangre.
Según esta hipótesis, la cantidad de insulina no sería la responsable de la menor producción de la proteína transportadora de andrógenos y estrógenos (la SHBG, por sus siglas en inglés) en el hígado, sino los niveles de inflamación. Dicha caída, que es especialmente notable en el caso de la testosterona en los hombres, tendría que ver con la mayor proporción de TNFa, indicativo de la presencia inflamatoria en el organismo.
Así se demuestra en el estudio que recientemente ha publicado el Grupo de Diabetes y Metabolismo del VHIR en la revista “Diabetes”, que recoge cómo los niveles de SHBG aumentaron de forma significativa en pacientes diabéticos que se habían sido tratados con insulina. Según sus resultados, a mayor presencia de TNFa, menor expresión de SHBG. Esto sucedió tanto en los enfermos diabéticos que recibían insulina como en las personas obesas estudiadas, en las que la relación negativa entre dichas sustancias se mantuvo con independencia de la ausencia o presencia de insulina.
De ahí se deduce que la escasez de hormonas sexuales en pacientes con enfermedades inflamatorias crónicas de bajo grado como la diabetes o la obesidad depende precisamente de dicha inflamación, y no de la cantidad de insulina. Aparte de disfunción eréctil, los niveles bajos de SHBG y de testosterona se asocian a un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, señalaron desde el equipo del VHIR.
Este descubrimiento, según sus responsables, permitirá diseñar estrategias terapéuticas mejor dirigidas y abre un nuevo campo que conecta la inflamación con los niveles de hormonas sexuales, con lo que puede ayudar a explicar por qué estas disminuyen en muchas enfermedades crónicas.
Fuente La Razón:
Un año más los excesos alimentarios se instalan en nuestra mesa por Navidad. Resulta difícil concebir esta festividad sin la presencia de suculentas mesas que rebosan una gran cantidad y variedad de productos y no caer en la tentación de saborear las populares bandejas llenas de turrones, polvorones y mazapanes. Aunque su consumo va unido a la tradición y resulta inevitable comer y beber más de lo normal, a los cerca de cinco millones de diabéticos que hay en nuestro país no les quedará más remedio que vigilar su dieta para que las cifras de glucosa no se disparen. Para que estos pacientes puedan disfrutar de una buena mesa navideña y mantener, a la vez, un correcto nivel de azúcar en sangre y la población general no descuide su salud, se celebró el XVIII Encuentro A TU SALUD, organizado por LA RAZÓN y Novartis. Varios expertos dieron a conocer todas las claves acerca de cómo abordar la enfermedad, la importancia que tiene la alimentación para este colectivo y el beneficio de la práctica del ejercicio físico.
Educar al paciente
El doctor Luis Felipe Pallardo, jefe de Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario La Paz de Madrid, está convencido de que «educar al paciente diabético es fundamental para el abordaje de la enfermedad». Dado que la alimentación juega un papel determinante, este tipo de pacientes «no tienen por qué hacer una dieta diferente a la de una persona normal, aunque el problema de hoy en día es que nadie hace una dieta normal», matiza Pallardo. Esta misma opinión la comparte Sara Martínez-Garrido, nutricionista y dietista colaboradora de la Sociedad Española de Médicos de Residencias quien añade que «se puede comer y disfrutar sin aportar muchas calorías. Es posible hacer platos sanos, completos y fáciles de elaborar».
Dado que el alcohol ocupará un lugar prioritario en la mesa, su consumo no sólo no aporta ningún nutriente a la salud, sino que puede resultar perjudicial para las personas con diabetes. «El alcohol es hipoglucemiante, es decir, baja el azúcar en sangre. El diabético debe tener mucho cuidado si lo toma en ayunas como en el aperitivo ya que le puede afectar más que si lo toma en la comida. Además, en el caso de la cerveza como se elabora con un cereal, la cebada, hay que contemplar la cantidad de hidratos de carbono ya que, a modo de ejemplo, la negra tiene más carbohidratos que la rubia», dice Martínez-Garrido.
Confusión
Polvorones, turrones y mazapanes constituyen los dulces navideños por excelencia, pero la excesiva cantidad de azúcar y grasas saturadas que poseen los ha convertido en alimentos casi proscritos. Con el fin de satisfacer, tanto a los diabéticos como aquellas personas que quieran cuidar la línea pero sin renunciar al placer de estos productos, en los últimos años han irrumpido con fuerza este tipo de dulces que se comercializan bajo el título de «light» o «sin azúcar». La opinión de los expertos ante estos productos resulta muy crítica. Según Martínez-Garrido, «que sean aptos para estos pacientes no significa que puedan tomarse la tableta entera o una cantidad ilimitada. Además, esta variedad posee más cantidad de proteínas que los convencionales. Antes de optar por estos productos es mejor que tomen un pedacito del turrón de siempre». La confusión al consumidor se deriva, en muchas ocasiones, «de un etiquetado incorrecto del producto y porque se le añaden una serie de virtudes que la mayoría no tienen y equivocan al paciente», advierte Pallardo.
Para disfrutar de estas fiestas no hace falta recurrir a alimentos sofisticados ya que, por norma general, «serán los más calóricos y ricos en grasa como el cordero, los fritos o el foie, entre otros», sostiene Martínez-Gallardo. Por ello, continúa la experta, una buena y saludable opción para el diabético sería «el sushi porque lleva arroz cocido y pescado. También se puede optar por el marisco, sobre todo si es cocido porque, aunque posee colesterol, apenas tiene calorías». Y añade que en el caso de llegar a la mesa con mucha ansiedad, existen pequeños trucos que pueden ayudar a disminuirla como «empezar la comida tomando algo de fruta porque al ser un hidrato de carbono de absorción rápida calma esa ansiedad fisiológica que se produce, o ingerir fibra soluble o espirulina que, al hinchar el estómago, sacia y crea sensación de plenitud».
Un fármaco más
Si para el paciente con diabetes tipo II la alimentación resulta determinante en el control de la enfermedad, la práctica de ejercicio físico no puede faltar en el tratamiento. Según Serafín Murillo, educador de la Unidad de Diabetes y Ejercicio del Ciberdem y del Hospital Clinic de Barcelona, «al diabético tipo II hay que prescribirle ejercicio físico. Deben tomarlo como un medicamento más, pero siempre adaptado a su vida diaria, sobre todo en aquellos pacientes que no están acostumbrados. El problema es que muchas veces nos encontramos con que el paciente tiene sobrepeso, obesidad, hipertensión o problemas en las articulaciones y no resulta la persona más idónea para hacer un gran esfuerzo físico. Por eso, se recomienda el de tipo aeróbico, como caminar, nadar, ir en bicicleta, etc». Con tanto exceso culinario de por medio, los expertos alertan de que es casi imposible compensarlo con la práctica deportiva. Así, «para compensar una celebración navideña, habría que ser un atleta de élite», afirma Murillo.
Entre celebración y celebración no está de más depurar el organismo de tanto exceso culinario. «Cuando se metabolizan todas esas calorías extra, el organismo produce una serie de toxinas que hay que eliminar de forma natural. Tomar un zumo de limón con agua puede resultar útil, pero lo que no vale de nada son las curas a base de sirope de arce», recomienda Martínez-Garrido. Dentro de la dieta diaria, continúa la nutricionista, «hay que aumentar la ingesta de fruta y verdura, tomar más cantidad de fibra, optar por preparaciones culinarias sencillas como la plancha o el vapor y evitar el café por su toxicidad, así como la bollería y el chocolate».
Fuente: Diario ABC.
El hecho de tener diabetes o ser obeso en edades por encima de los 60 años puede estar relacionado con un aumento significativo en el riesgo de desarrollar cáncer de mama, según un estudio sueco presentado en el Congreso de Cáncer de Mama de San Antonio (EE.UU.). Los datos también demuestran que niveles elevados de lípidos son menos frecuentes en las pacientes cuando se les diagnostica cáncer de mama, mientras que las cifras bajas de lípidos estaban asociadas con un mayor riesgo de cáncer de mama.
Los autores del estudio también comprobaron que el uso de un medicamento para la diabetes -metformina- se relacionaba con una menor tasa de cualquier tipo de cáncer, mientras que otro – insulina glargina- se asoció con un mayor riesgo de cáncer en general.
Los investigadores de la Universidad de Lund (Suecia) evaluaron los registros de salud de una región de 1,5 millones de personas que viven en el suroeste de Suecia para proporcionar una imagen completa del riesgo de cáncer. En total, se analizó a 2.724 pacientes 10 años antes de que desarrollaran cáncer y 20.542 pacientes que no desarrollaron la enfermedad.
«El trabajo muestra que la diabetes y la obesidad en mujeres mayores de 60 años aumenta significativamente del riesgo de cáncer de mama», señala Hakan Olsson. A su juicio, esta información puede ser muy útil para las mujeres que quieren conocer sus riesgos con el fin de tomar medidas preventivas.
Casi el doble
En concreto, explican, la obesidad en las mujeres después de los 60 años aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de mama en un 55%. «A lo sumo, 15 de cada 100 mujeres obesas podrían tener cáncer de mama, cifra que sería de menos de 10 de cada 100 mujeres en la población general », afirma Olsson.
En cuanto a la diabetes, aquellas con diabetes tenían un riesgo de desarrollar cáncer de mama del 37% mayor si su diabetes había sido diagnosticada hasta cuatro años antes de que el cáncer fuera diagnosticado. Además, las mujeres con niveles anormalmente bajos de lípidos en sangre (sobre todo el colesterol) tenían un riesgo un 25% mayor de padecer cáncer de mama, aunque los mecanismos que subyacen en estos efectos no están claros, reconoce Olsson.
Los expertos también analizaron el registro de medicamentos nacionales para examinar el vínculo entre el riesgo para todos los cánceres y el uso de dos medicamentos para la diabetes, la insulina glargina y la metformina. En este estudio, los investigadores encontraron que el uso de insulina glargina, que ha sido asociado con el desarrollo de cáncer en anteriores estudios realizados en Europa, casi duplicó el riesgo para el desarrollo de cualquier tipo de cáncer, mientras que la metformina se relacionaba con un riesgo del 8% menor de cáncer en pacientes con diabetes.
Ahora bien, Olsson matiza que se necesitan más investigaciones para aclarar los tipos específicos de cáncer de mayor riesgo. El número de pacientes en este trabajo que desarrollaron cáncer de mama y que usan estos medicamentos es demasiado pequeño para hacer cualquier vínculo con el cáncer de mama.
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